Capítulo 2: Mi primer día en la prisión
De pronto me sentí tan cómoda en donde estaba que creí que todo lo que había
vivido en ese callejón era solo una pesadilla tonta que había tenido; pero
rápidamente me deshice de esa idea cuando me remecieron para despertarme, con
lentitud abrí mis parpados y me encontré de frente con la fría mirada de uno de
los hombres que seguía las ordenes de mi raptor, quise pedir ayuda por la
ventana, pero mis manos estaban atadas, y mis labios no podía reaccionar, de
seguro el químico que había ingerido debía tener anestesia, miré por la
ventanilla y me percaté de que aquel lugar no lo conocía, las casas eran
hermosas y rondaba el silencio. En esos momentos me alegré de haber sido
secuestrada, pues pude conocer un mundo que me era inalcanzable. El carro
comenzó a disminuir la velocidad, ya que habíamos llegado a una mansión
bastante antigua que no dejaba nada a la imaginación, era preciosa. El hombre
que antes me miraba abrió la puerta del auto, vi que mi raptor estaba esperándonos
en su moto; hablaron unos minutos y después escuché como abrían la puerta de mi
lado; el pánico se me volvió a hacer presente, temía morir en un lugar
desconocido y sobre todo sin siquiera haber tenido un novio o algo por el
estilo, un tipo me quiso bajar, pero me resistí agarrándome de los bordes del
auto, no quería seguir ahí, quería irme a mi casa para ver a mi familia y
seguir con mi ordinaria vida. El hombre no pudo contra mi fuerza, cosa que no
discuto pues esa era una de mis habilidades, después de un rato vino otro tipo
y entre los dos me sacaron de mi pequeño escondite. Quedé de frente ante aquel
chico tan apuesto, quien tenía una mirada ausente, carente de vida.- “Como un títere” - de pronto se quedó mirándome
y eso me puso nerviosa, rápidamente desvié la mirada, no quería que se enterara
de lo que segundos antes estaba haciendo.
- Señor aquí está la chica, ¿Qué hacemos con ella?
- Por el momento llévenla a una habitación, y por nada del mundo la dejen salir, más tarde hablaré con ella, ahora debo ir a ver a mi padre.
- Como usted diga señor- le respondió el tipo de negro volviendo en sus pasos y tomándome de uno de mis brazos al igual que el otro. No puse resistencia, tampoco era tan tonta como para intentar escapar con tanta gente.
Me condujeron a una estancia bastante amplia, todo estaba sumamente decorado con lo necesario, era una habitación perfecta, que de seguro hubiese disfrutado el estar ahí a no ser por las circunstancias en las que me encontraba. Me senté en la blanda cama y no pude evitar pensar el por qué de mi secuestro, se suponía que tenía que haber muerto hacía más de media hora, - ¿Que hacía en ese lugar?, ¿Qué era lo que en realidad querían hacer conmigo? Tanto pensar me llevó a una conclusión. Les haría la vida imposible.
- Señor aquí está la chica, ¿Qué hacemos con ella?
- Por el momento llévenla a una habitación, y por nada del mundo la dejen salir, más tarde hablaré con ella, ahora debo ir a ver a mi padre.
- Como usted diga señor- le respondió el tipo de negro volviendo en sus pasos y tomándome de uno de mis brazos al igual que el otro. No puse resistencia, tampoco era tan tonta como para intentar escapar con tanta gente.
Me condujeron a una estancia bastante amplia, todo estaba sumamente decorado con lo necesario, era una habitación perfecta, que de seguro hubiese disfrutado el estar ahí a no ser por las circunstancias en las que me encontraba. Me senté en la blanda cama y no pude evitar pensar el por qué de mi secuestro, se suponía que tenía que haber muerto hacía más de media hora, - ¿Que hacía en ese lugar?, ¿Qué era lo que en realidad querían hacer conmigo? Tanto pensar me llevó a una conclusión. Les haría la vida imposible.
----
Después de que aquella chica fue subida al auto me encaminé en mi motocicleta a la mansión en donde residía. Llegué mucho antes que mis guardaespaldas, y aproveché de llamar a mi padre, este me respondió que en aquellos momentos venía de una reunión, y que no llegaría a casa hasta dentro de un cuarto de hora. Colgué el teléfono y me puse a esperar a aquella chica.
Cuando al fin llegó el auto vi como esta se resistía a salir, de seguro estaba asustada, y en realidad eso a mí no me interesó; no podía dejarla libre, corría el riesgo de que confesara todo, Katsuya se acercó a mí para decirme que no podía con ella, tenía mucha fuerza. Entonces mandé a Ninohara para que le ayudara, y así consiguieron quitarla del auto. Ambos se acercaron con aquella niña, quien en ningún momento me quitó la mirada de encima; extrañamente me incomodaba aquel acto, me sentía inseguro, desprotegido, como si ella pudiese saber todo lo que pensaba yo en esos momentos. Decidido a no dejarme vencer por aquella desconocida, la encaré, y lógicamente esta desvió su vista. Mis guardaespaldas me preguntaron en donde tenían que dejarla, yo solamente les respondí que a alguna habitación que estuviera en uso, y por supuesto que no la dejaran sola ni un segundo, Katsuya y Ninohara asintieron con la cabeza y partieron rumbo a la mansión con la sumisa chica. Justo en esos momentos llegó mi padre, quien venía de muy buen humor. Me llevó a su despacho y me preguntó sobre la misión, no le mentí en lo que ocurrió en esa persecución y en las consecuencias que trajo, tampoco le negué la existencia de una testigo, aún sabiendo que eso lo desconcertaría.
- ¡Pero qué dices! ¡Estás loco!- Me gritó alterado, eso era obvio, se suponía que no debía verme nadie, pero sus gritos y cólera en aquellos momentos eran una simple reacción de rutina.- ¿Qué vas hacer con ella?
- Si quieres que la mate no tengo ningún problema- Le dije mirando mi revolver
- ... – por unos instantes vi como su rostro se tensaba, era complicado después de todo, pero mi propuesta no salía de la norma- ¿Qué edad tiene?
- Es estudiante... - Respondí cortante
- Entonces no puedes- Me dijo recobrando su serenismo- en el momento que la trajiste a esta casa eliminaste esa posibilidad
- ¿Por qué?, Yo no le veo lo extraño
- De seguro sus padres deben estar preocupados, además, nosotros no matamos por placer, solo lo hacemos para salvar nuestro pellejo
- ¿Y lo que hiso ella no nos expone a la captura?, Si la asesino también estaríamos salvando nuestro pellejo, no crees- Le respondí con molestia, nunca le había visto tan complicado, quizás jamás había tenido testigos de un asesinato, por eso le costaba tanto decidirse.
- Pero ella no quiso presenciar todo aquello Yunho, entiende eso
- Entonces, ve luego al grano, no tengo tiempo para juegos
- Ella vivirá en esta mansión hasta cuando pase todo este problema
- Y ¿Por qué aquí?
- Si la dejamos libre pueden capturarla y torturarla para que diga quienes fueron los asesinos de su jefe.
- ¿Y quién la cuidará?
- Ni modo... - Dijo mi progenitor dando un profundo suspiro - Ya que tú la trajiste hasta aquí, tú te harás cargo de ella
- ... - No quise responder aquello, no tenía la necesidad, ahora solo debería cuidar a esa mocosa hasta cuando su vida no corriera peligro.
Salí del despacho echando maldiciones por lo bajo; en el pasillo me topé con Ninohara quien me comentó que aquella chica no había parado de cantar y hablar fuerte en la habitación. Esa noticia me alteró más todavía, por culpa de esa maldita mocosa mi plan se había truncado; Ninohara me miró asustado, raras veces me veían molesto, y esas escasas veces siempre terminaban con un herido de gravedad. Llegué hasta el cuarto en donde escuché como esa mocosa cantaba una canción de guardería, para después decir un trabalenguas, furioso abrí la puerta de un manotazo, la chica se asustó, pero no dejó de cantar su ridícula canción aún viendo que corría la suerte de morir de un balazo ahí mismo
- Se puede saber que haces - Le dije con voz agresiva
- Solamente estoy entonando un requiem antes de morir
- ¿Un requiem?, estas demente
- En una serie que vi siempre tocaban requiem cuando alguien iba a fallecer, y yo por supuesto no podía dejar pasar ese recuerdo, ahora si me disculpas déjame continuar con mi melodía - Me respondió desafiante mientras cerraba sus ojos y comenzaba a tararear una melodía que destrozaba mis tímpanos. Harto de todo aquello la tomé de uno de sus delgados brazos y la obligué a levantarse de la cama, la chica se sorprendió al ser tratada así
- Escucha mocosa del demonio, para tu información no vas a morir ni hoy ni nunca, al menos que quieras hacerme el favor
- ¿Q... ue?- La noticia la había dejado desconcertada, quizás ya había aceptado el hecho de no seguir viviendo y ahora todos sus planes se habían arruinado
- Lo que escuchaste, asique ahórrate tu cancioncita de requiem y cállate de una buena vez- le regañé soltándola del agarre, provocando que callera de espaldas a la cama. Me miró sorprendida, pero no quiso referirse al tema, salí de la habitación y me dirigí a la mía. En ese día me habían ocurrido un montón de sucesos que no tenía ni siquiera pensados, y no estaba dispuesto a seguir soportando más
Después de que aquella chica fue subida al auto me encaminé en mi motocicleta a la mansión en donde residía. Llegué mucho antes que mis guardaespaldas, y aproveché de llamar a mi padre, este me respondió que en aquellos momentos venía de una reunión, y que no llegaría a casa hasta dentro de un cuarto de hora. Colgué el teléfono y me puse a esperar a aquella chica.
Cuando al fin llegó el auto vi como esta se resistía a salir, de seguro estaba asustada, y en realidad eso a mí no me interesó; no podía dejarla libre, corría el riesgo de que confesara todo, Katsuya se acercó a mí para decirme que no podía con ella, tenía mucha fuerza. Entonces mandé a Ninohara para que le ayudara, y así consiguieron quitarla del auto. Ambos se acercaron con aquella niña, quien en ningún momento me quitó la mirada de encima; extrañamente me incomodaba aquel acto, me sentía inseguro, desprotegido, como si ella pudiese saber todo lo que pensaba yo en esos momentos. Decidido a no dejarme vencer por aquella desconocida, la encaré, y lógicamente esta desvió su vista. Mis guardaespaldas me preguntaron en donde tenían que dejarla, yo solamente les respondí que a alguna habitación que estuviera en uso, y por supuesto que no la dejaran sola ni un segundo, Katsuya y Ninohara asintieron con la cabeza y partieron rumbo a la mansión con la sumisa chica. Justo en esos momentos llegó mi padre, quien venía de muy buen humor. Me llevó a su despacho y me preguntó sobre la misión, no le mentí en lo que ocurrió en esa persecución y en las consecuencias que trajo, tampoco le negué la existencia de una testigo, aún sabiendo que eso lo desconcertaría.
- ¡Pero qué dices! ¡Estás loco!- Me gritó alterado, eso era obvio, se suponía que no debía verme nadie, pero sus gritos y cólera en aquellos momentos eran una simple reacción de rutina.- ¿Qué vas hacer con ella?
- Si quieres que la mate no tengo ningún problema- Le dije mirando mi revolver
- ... – por unos instantes vi como su rostro se tensaba, era complicado después de todo, pero mi propuesta no salía de la norma- ¿Qué edad tiene?
- Es estudiante... - Respondí cortante
- Entonces no puedes- Me dijo recobrando su serenismo- en el momento que la trajiste a esta casa eliminaste esa posibilidad
- ¿Por qué?, Yo no le veo lo extraño
- De seguro sus padres deben estar preocupados, además, nosotros no matamos por placer, solo lo hacemos para salvar nuestro pellejo
- ¿Y lo que hiso ella no nos expone a la captura?, Si la asesino también estaríamos salvando nuestro pellejo, no crees- Le respondí con molestia, nunca le había visto tan complicado, quizás jamás había tenido testigos de un asesinato, por eso le costaba tanto decidirse.
- Pero ella no quiso presenciar todo aquello Yunho, entiende eso
- Entonces, ve luego al grano, no tengo tiempo para juegos
- Ella vivirá en esta mansión hasta cuando pase todo este problema
- Y ¿Por qué aquí?
- Si la dejamos libre pueden capturarla y torturarla para que diga quienes fueron los asesinos de su jefe.
- ¿Y quién la cuidará?
- Ni modo... - Dijo mi progenitor dando un profundo suspiro - Ya que tú la trajiste hasta aquí, tú te harás cargo de ella
- ... - No quise responder aquello, no tenía la necesidad, ahora solo debería cuidar a esa mocosa hasta cuando su vida no corriera peligro.
Salí del despacho echando maldiciones por lo bajo; en el pasillo me topé con Ninohara quien me comentó que aquella chica no había parado de cantar y hablar fuerte en la habitación. Esa noticia me alteró más todavía, por culpa de esa maldita mocosa mi plan se había truncado; Ninohara me miró asustado, raras veces me veían molesto, y esas escasas veces siempre terminaban con un herido de gravedad. Llegué hasta el cuarto en donde escuché como esa mocosa cantaba una canción de guardería, para después decir un trabalenguas, furioso abrí la puerta de un manotazo, la chica se asustó, pero no dejó de cantar su ridícula canción aún viendo que corría la suerte de morir de un balazo ahí mismo
- Se puede saber que haces - Le dije con voz agresiva
- Solamente estoy entonando un requiem antes de morir
- ¿Un requiem?, estas demente
- En una serie que vi siempre tocaban requiem cuando alguien iba a fallecer, y yo por supuesto no podía dejar pasar ese recuerdo, ahora si me disculpas déjame continuar con mi melodía - Me respondió desafiante mientras cerraba sus ojos y comenzaba a tararear una melodía que destrozaba mis tímpanos. Harto de todo aquello la tomé de uno de sus delgados brazos y la obligué a levantarse de la cama, la chica se sorprendió al ser tratada así
- Escucha mocosa del demonio, para tu información no vas a morir ni hoy ni nunca, al menos que quieras hacerme el favor
- ¿Q... ue?- La noticia la había dejado desconcertada, quizás ya había aceptado el hecho de no seguir viviendo y ahora todos sus planes se habían arruinado
- Lo que escuchaste, asique ahórrate tu cancioncita de requiem y cállate de una buena vez- le regañé soltándola del agarre, provocando que callera de espaldas a la cama. Me miró sorprendida, pero no quiso referirse al tema, salí de la habitación y me dirigí a la mía. En ese día me habían ocurrido un montón de sucesos que no tenía ni siquiera pensados, y no estaba dispuesto a seguir soportando más
----
Aburrida de estar sin hacer nada comencé a cantar canciones de guardería, las cuales se me daban muy bien, al igual que los trabalenguas, sabía perfectamente que si subía mi tono de voz haría que esos tipos de negro se cansaran de mí. Aunque mis esperanzas de salir con vida de ahí eran de un... –100%, no me resignaba a estar encerrada. De pronto escuché como, la puerta se abría estruendosamente dejando ver a aquel chico del callejón, al parecer se veía muy molesto. Aún así, continué mi melodía, tenía que disimular el miedo de alguna forma. Esto le molestó más y no pudo reprimir las ganas de preguntarme lo que venía acumulando hacía unos momentos
- Se puede saber que haces- me dijo con voz agresiva
- Solamente estoy entonando un requiem antes de morir- le respondí, aunque por dentro toda esa valentía que emanaba era por causa del pánico que sentía
- ¿Un requiem?, estas demente
- En una serie que vi siempre tocaban requiem cuando alguien iba a fallecer, y yo por supuesto no podía dejar pasar ese recuerdo, ahora si me disculpas déjame continuar con mi melodía - Le volví a repetir mientras cerraba mis ojos y comenzaba a tararear una melodía que me había enseñado mi madre cuando era pequeña, de pronto sentí un jalón en mi brazo, era él, quien me miraba con furia acumulada, su agarre me hacía daño, pero no le daría en el gusto de quejarme como una niña debilucha, como sucedía en la mayoría de los doramas que veía.
- Escucha mocosa del demonio, para tu información no vas a morir ni hoy ni nunca, al menos que quieras hacerme el favor
- ¿Q... ue?- Eso me dejó descolocada, aquel chico me estaba diciendo que no moriría, al menos no todavía. Por un momento pensé en abrazarle y darle las gracias por la oportunidad que me había dado. Pero después me retracté, se suponía que él era mi captor así que no tenía que haber ningún grado de amistad entre nosotros
- Lo que escuchaste, asique ahórrate tu cancioncita de requiem y cállate de una buena vez- Me dijo tirándome en la cama para después salir por la misma puerta que había entrado.
Me quedé nuevamente sola en la habitación, y ahí no pude evitar liberar las lágrimas que estaban intentando salir hacía más de una hora; me las sequé rápidamente, no podía llorar, no podía caer en el típico show de las protagonistas de teleseries mexicanas, en una silla había un pijama blanco. Me desvestí y me puse el pijama, mañana sería otro día, y tal vez nada de lo que me estaba ocurriendo sería real. - “Como una pesadilla”.-
----
Al día siguiente todo parecía estar en calma,
cada integrante del hogar algo misterioso en donde residía Yunho cumplía con
sus labores, sin embargo todo aquel fresco perfecto se vio crisado en cuanto
unos fuertes pasos y unos gritos provenientes de la salida del lugar llamaron
la atención de cierto castaño, quién sin pensarlo mucho se levantó
completamente furioso tomando una bata de seda que se encontraba colgada al
costado de su puerta corrediza.
- ¡Que
pasa! - Gritó este saliendo en pijama al pasillo principal
- Señor, la rehén dice que quiere ir a su colegio
- ¿Qué?
- Lo que escuchaste, por lo menos déjame partir a mis clases, eso es lo mínimo que te pido - Se defendió la menor, quien vestía su uniforme de escolar e intentaba zafarse de los agarres en sus brazos por los guarda espaldas del lugar.
- A ver... me parece que no entendiste, desde hoy ya no tendrás la libertad de antes mocosa
- ¿Q... u... e?
- Te informo que desde ahora en adelante serás mi mascota, y yo haré contigo lo que me plazca, oíste
- Señor, la rehén dice que quiere ir a su colegio
- ¿Qué?
- Lo que escuchaste, por lo menos déjame partir a mis clases, eso es lo mínimo que te pido - Se defendió la menor, quien vestía su uniforme de escolar e intentaba zafarse de los agarres en sus brazos por los guarda espaldas del lugar.
- A ver... me parece que no entendiste, desde hoy ya no tendrás la libertad de antes mocosa
- ¿Q... u... e?
- Te informo que desde ahora en adelante serás mi mascota, y yo haré contigo lo que me plazca, oíste
- ¡TU MASCOTA! – Fue el grito que profirió la morena al
enterarse de los planes que tenía su captor para con ella, definitivamente la
vida de aquella chica ordinaria había pasado a depender de alguien más.

0 comentarios:
Publicar un comentario